miércoles, 1 de agosto de 2012

El principio del fin.

En 2009 escribí esta historia para un concurso del instituto, y... no sé, me he decidido a ponerla por aquí. (¿Debo poner copyright?, bueno  ©2009)  (Tened en cuenta que la escribí con 14 años)
Sé que poca gente la leerá, porque es algo 'larga', pero transcurre en una fecha que marcó la vida de tantísimas personas. Aquí os la dejo:
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-Mamá, papá, os recuerdo que dentro de dos días es mi cumple...
-¡Anda! , ¡No nos acordábamos!-respondió mi madre con tono irónico.
-Tranquila, que ahora mismo nos íbamos a ir a arreglar unas cuentas y luego iremos a por tu regalo, te prometo que este va a ser el mejor cumpleaños de tu vida, cariño, pero ahora vuelve a la cama que aún es pronto-dijo mi padre.

Una vez en mi cama, pude escuchar el sonido que hacía el motor del coche de mis padres.

-¿No arranca el coche?-Grité desde mi ventana para que me pudieran oír.
-No, pero no te preocupes que vamos a coger el tren.

Me alegré al oír eso, ya que siempre le he dado mucha importancia al no contaminar y ellos siempre solían ir en coche.


Como cada día, me desperté con la radio de mi mesilla, pero me pareció raro que no sonara algo de música como de costumbre, sino que se oía a varios reporteros hablando.
También ha explotado una bomba en el tren de Atocha, está todo destrozado, pero aún no se sabe el número de víctimas mortales que puede haber"
Nada más oír la noticia, crucé los dedos y llamé al móvil de mi madre.
Estaba apagado. Intenté tranquilizarme pensando en que a lo mejor no lo habría encendido aún, seguramente ellos habrían cogido el tren mucho antes.
Llamé al móvil de mi padre para asegurarme.
Tampoco, no daba señal.
Antes de hacer suposiciones, intenté pensar, que a lo mejor no tenían cobertura o algo por el estilo.

Con un manojo de nervios empecé a vestirme para ir al instituto. En mis 15 años de vida aún no había tenido ninguna falta que no fuera por estar enferma, por lo que no quería romper esa racha.

Una vez en el instituto los profesores nos volvieron a dar la noticia del atentado en el tren y a los pocos minutos me llamaron de parte del director para que fuera al porche del instituto.
Ahí estaban mi abuela y mis tíos.
Y ahí me temí lo peor.
Me fui con ellos hasta el coche de mi tío. El trayecto hacia mi casa fue silencioso, pero pude ver como a mi abuela se le derramaban unas lágrimas.
Al llegar a mi casa, nos sentamos en un gran sofá que hay en el salón y tuve que hacer esa preguntar que tanto me atormentaba:
-¿Y mis padres?-dije tímidamente.
-Marta...
En ese momento llamaron a la puerta, fui a abrir y vi que era una señora de unos 40 y pocos años. Mi tío me dijo desde el salón que la dejara pasar.
-Imagino que debes de ser Marta, ¿verdad?
-Quién es usted y por qué ha venido aquí.
-Soy psicóloga, me llamo Lucía. Vengo a hablar contigo de tus padres.
-No quiero que me lo cuente alguien a quien ni siquiera conozco. Tío dime ya que pasa con mis padres-contesté enfadándome.
-Marta...tus padres... han fallecido esta mañana cuando iban en el tren, debido a la
bomba. Quiero que Lucía este contigo durante un tiempo, por favor…
Las sospechas que había intentado evitar durante toda la mañana se hicieron realidad. Mis padres estaban muertos y yo ahora no sabía que hacer, sólo pude empezar a llorar y a gritar tirando todos los cojines que había en el sofá.



Me desperté en una cama, arropada en unas sabanas blancas. Al mirar a la derecha pude ver que mi abuela estaba sentada en un sillón adormilada
-¿Abuela?
-Por fin te has despertado, ¿cómo te encuentras?-preguntó mi abuela con tono amable.
-Me encuentro bien... pero ¿por qué estoy en un hospital?-dije mirando a mi alrededor.
-Te desmallaste tras la noticia de tus padres...
-(...) ¿qué día es hoy?
-12 de marzo. Has pasado aquí toda la noche.

Al acabar de hablar con mi abuela, entró por la puerta un médico y me dijo que si ya me encontraba bien, me podría dar el alta ahora mismo, ya que sólo había sido un pequeño desmayo y un ataque leve de ansiedad.
Le respondí que si, y al rato, fuimos a una sala de espera en la que estaban mis tíos tomándose un café.
Llegamos hasta mi casa. Me fui directa a mi cama, porque lo único que quería era llorar. Mi abuela me oyó y vino hacia mi cuarto.
-Cariño, voy a llamar a Lucía para que venga, ya verás como te encontrarás mejor.
-No abuela. No quiero que venga ninguna psicóloga ni nadie, quiero estar sola.
-Como quieras...-dijo mi abuela al ver que no habría forma de convencerme.

No sé cuántas horas pasé llorando en mi cama, aquella cama en la que unos días atrás mi madre venía para desearme buenas noches y recordarme si había puesto el despertador para el día siguiente. Aquella cama en la que todas las noches de invierno, mi padre venía de madrugada para ver si me había desarropado y evitar que no cogiera frío, aquella cama que ahora mismo estaba empapada de tantas lágrimas que resultaba algo incómodo estar tumbada en ella.

Me levanté dispuesta a poner unas sábanas limpias y sobre todo secas, pero noté que tenía mucha hambre, no sabía cuánto tiempo llevaba sin comer nada. Fui hasta la cocina y al abrir la  nevera vi una especie de caja, en ella había una tarta, una tarta de trufa en la que ponía: "Felicidades Marta 16 años".
Mis padres habían comprado ya la tarta antes del atentado. Vi también las sobras de macarrones de hace unos días y la Coca-cola light de mi madre ya empezada.
Todas aquellas cosas que mis padres ya nunca volverían a tocar, la tarta que mis padres no llegarán a probar nunca, me hizo que me sintiera aun peor, cogí un poco de chocolate para calmar el hambre aun teniendo un nudo increíble en la garganta, y fui corriendo hacia mi habitación. De aquella noche solo recuerdo que pude volver a ver a mis padres... en mis sueños.



Me desperté un 13 marzo, no sabía qué hora era, pero lo único que quería era no pensar en nada.

Unos minutos más tarde me sentía lo suficientemente despierta como para recordar todo con tal pesimismo que la noche anterior.

No pude evitar volver a llorar otro día más, aun no podía creérmelo. Seguía en shock.
-¿Marta?-me llamaba mi abuela con una voz tímida desde el otro lado de la puerta.

Supongo que me escuchó sollozar, porque entro hasta sentarse al lado de mi cama.
-Abuela... no me siento con ganas de hablar.
-Vale cariño, lo entiendo, sé que aun no eres consciente de todo, en realidad, yo tampoco, pero solo venía a decirte que vamos a quedarnos las dos a vivir aquí al menos un tiempo y ves a la cocina,  tienes el desayuno allí. Y... felicidades.

Hoy era mi cumple, y con tantas cosas que tenía en la cabeza no me había acordado ni siquiera.
-Gracias-respondí ausente de todo.

Mi abuela cogió su monedero y se fue a comprar al supermercado, mientras tanto, empecé a desayunar las tostadas que mi abuela me había preparado.
Cuando estaba terminando de desayunar, llamaron al timbre de la puerta, me puse la bata por encima y fui a abrir. Ahí estaba Luis, mi amigo de toda la vida, al verle después de varios dias, pude sonreír levemente. Fuimos hasta mi cuarto.
-Marta… estamos todos muy preocupados, no nos coges el teléfono ni nada, te echamos mucho de menos, queremos apoyarte con todo esto.-Me dijo Luis con su suave voz-.
-Lo siento, no quería hablar con nadie.
-Te entiendo, pero yo ya no aguantaba más y por eso he venido a verte.

En ese momento Luis me abrazo, y yo le abracé como nunca antes lo había hecho.
-Marta, no hace falta que me abraces como si nunca más lo vayas a volver a hacer, te prometo que estaré siempre a tu lado.
-Lo sé, pero las promesas lo único que hacen es herir a la gente cuando no se cumplen. Hace tan solo dos días, mi padre me prometió que hoy iba a tener el mejor cumpleaños de mi vida, pero aquí estoy, en otro de los peores días de mi vida en los que sé, que aunque viva 100 años más, nunca voy a sentirme tan mal, tan frustrada tan triste y tan rota como me siento ahora.

Luis se quedó unos segundos en silencio sin saber que decir, unos segundos que se me hicieron eternos.
Durante las 4 horas que Luis se quedó conmigo de aquella mañana, estuvimos hablando pero siempre había aquel silencio incómodo en el cual yo, recordaba todo.
-Llaman al timbre, ¿voy a abrir?-Me dijo de forma amable.
-Qué raro, mi abuela no puede ser, está viendo la tele en el salón. Sí, pero espera, que voy contigo.

Fuimos los dos hacia la puerta y allí estaban todos mis amigos, con una gran tarta de cumpleaños y un enorme regalo.
Estuvimos en el salón de mi casa, comiendo la tarta y hablando. Aunque fuese una celebración de cumpleaños, ellos sabían que yo no estaba para muchas fiestas, por lo que me apoyaron durante toda la tarde. En cuanto al regalo, me dijeron que lo abriese esa misma noche, cuando estuviese sola y me encontrase de bajón. Aquella tarde pude sentirme mejor, en cierto modo, al menos no me sentía tan vacía como antes de que Luis y los demás llegasen.

Al irse todos, llegada la noche, me fui sintiendo otra vez peor.
-Abuela, me voy a dormir ya. Hasta mañana.
-Hasta mañana si Dios quiere, que duermas bien.
“Típica frase de abuela”, pensé.

Cuando estaba ya tumbada, me acordé del regalo, fui a por él y lo abrí.
Era un enorme oso de peluche que tenia agarrado un corazón que ponía: "Siempre, en tus momentos difíciles, tristes o alegres; vamos a estar a tu lado. Te queremos Marta."
Se derramó una lagrima por mi mejilla, pero esta vez fue una lágrima de agradecimiento por tener los mejores amigos que podría pedir. Era el mejor regalo que me podrían haber hecho junto con estar esta tarde conmigo.
Esa noche dormí abrazada a aquel peluche.



Al día siguiente me levanté temprano para ayudar a mi abuela a limpiar y así distraerme un rato, el shock y la no-aceptación, aun persistían.
Antes de comer, Luis vino a mi casa, estuvimos sentados en la cama de mi habitación
-Ayer fui a comprarte un regalo, pero no lo tenían aun en la tienda, date la vuelta.
Me di la vuelta y él me recogió el pelo con una mano y me puso algo alrededor de mi cuello. Cuando terminó, pude ver que era la mitad de un corazón.
-No creas que no tenía dinero para la otra mitad, la otra mitad la tengo yo, es una ñoñada, pero es para que sepas que siempre vamos a estar juntos.

Le miré a los ojos con una sonrisa, él me estaba mirando a mí fijamente.
-Marta este es el principio de tu nueva vida-me dijo acercándose a mis labios.


A partir de aquel día, él hizo que mi tristeza se fuese poco a poco, que empezásemos una nueva vida juntos.

No os voy a mentir, el dolor aun me comía por dentro y todavía sigo igual. Necesité ayuda cuando comencé a aceptarlo, necesité  ayuda de psicólogos a los que nunca antes habría pensado que iría.
No les he olvidado, nunca podré olvidar a mis padres, tan sólo estoy aprendiendo a vivir con ello.
                     

Hoy, 12 de mayo, puedo decir, que aunque alguna vez creas que tu vida está acabada, no te rindas, porque puede llegar esa luz al final de un oscuro túnel.


5 comentarios:

  1. Venga va, pongo un comentario, por ti :) Pero es que lo iba a poner pero no sabía que poner.
    Y sigo casi igual, solo se me ocurre una palabra para describir esta historia: Perfecta.
    Si, quizás no sea muy larga, pero es precisa.

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  2. Mi primer comentario en una entrada, lloro :_____) jajajaja muchas, muchas gracias, jo. Era para un concurso, había límite de espacio y no tuve mucho tiempo para escribirla, por ello la longitud y algunas cosas un poco mal explicadas.

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  3. Cuando digo explicadas, me refiero a expresadas xD

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  4. una preciosa historia, y muy dura, se me han caido las lagrimas, animo:)

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  5. Gracias, pero lo de ánimo(?) es ficción y menos mal.

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