Cuesta hacer frente a la realidad, ver las cosas tal y como son, no auto-engañarte para estar mejor, pero a veces eso es lo único que te mantiene con algo de vida.
Cuando caes y crees que nunca más podrás volver a levantarte, no sirve de nada lo que los demás digan, te sientes completamente solo. Aunque haya gente, da igual, te sientes como encerrado en ti mismo.
Llega un momento en el que te das cuenta de que lo vas aceptando. Aceptarlo no es lo mismo que afrontarlo, pero ya algo es algo.
Pasan los días, semanas, incluso meses, y crees que no has avanzado nada, que sigues en la misma mierda de siempre, que nunca podrás recuperarte del todo.
Te acostumbras a cómo eres ahora. Hasta tus amigos se acostumbran a ti. Ya no notas la diferencia, ya no recuerdas como eras antes, cuando todo estaba bien.
Hasta que llega ese día. Es un día como otro cualquiera, únicamente que miras hacia atrás de otro modo.
Aunque pensabas que nunca podrías seguir adelante después de aquello, miras al pasado; a aquellos días, semanas o meses en los que te sentías completamente hundido y... lo has afrontado.
Ya no sólo aceptas cómo es la realidad, sino que ahora te enfrentas a todo lo que eso conlleva, a todo lo que te queda por vivir, y a todo lo que aun te queda por olvidar.
Esto ocurre cuando tienes un día bastante positivo, porque cuando te entra el bajón, cambias ese "todo lo que aun me queda por olvidar" por un "aprenderé a vivir con ello".
Has pasado ya por lo más difícil, ya nunca más volverás a sentirte como al principio. Eso consuela.
Después de todo esto, no significa que ya vayas a ser feliz, volverás a tener tus días de bajones, pero para entonces una frase rondará por tu cabeza.
"Todo depende de mi."
No hay comentarios:
Publicar un comentario