domingo, 8 de abril de 2018

Sin enumerar, sin clasificar y sin juzgar

Si tuviese un bloc de notas para la ducha, escribiría mucho más, quizá demasiado. Quizá no sabría distinguir qué cosas merecen ser verbalizadas y cuáles no. 
Sé que entonces hubiese hablado por capricho, por querer hacer importante lo que yo sé que es banal. Y lo habría hecho por pensar -aunque solo fuese un instante- que estoy sensibilizándome.

Estos últimos meses me he dado cuenta de más cosas de las que querría haber aprendido en tan poco tiempo. He aquí mi lista sin enumerar, sin clasificar y sin juzgar:
-He entendido que no me tenía que salvar de nadie, tan solo de mí, y que eso era lo más difícil.
-He comprendido que puedo volver a creer en las oportunidades, pero que tengo que esforzarme en saber distinguir las buenas, de las que sólo me depararán un dolor de cabeza más.
-He sabido que va a haber mil dudas que nunca voy a poder resolver y que la única forma de hacerlas frente será dejarlas a un lado.
-Entendí que he buscado soluciones cuando ya no existía el problema. Y lo peor de todo, he intentado aplicar esas soluciones en mí, machacándome más y más.
-Que hay personas que no están hechas para estar con nadie.
-Y que hay personas que hacen que no quieras estar con nadie más.

No sé cuántas oportunidades me he dado a mí misma, pero voy a seguir haciéndolo, porque cada vez que creo que no debería haberme dado la anterior, aparece algo mejor.

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