Es verdad, todo pasa cuando menos me lo espero.
No me esperaba nada de ti, ni siquiera presté demasiada atención.
Ni siquiera pensé que serías todo lo contrario a lo poco que me imaginé, que me sobrarían las cosas en común.
Cada vez que todo empezaba a indicar que no merecía la pena, me gustabas más.
Y no te esperaba tan tú apoyada en mí. En mí, en mi cama. Y no me esperaba a mí así. Tan perdida y tan a gusto de estarlo. No me imaginaba tanta poca cordura pensando que no quería que se terminase la forma en la me mirabas a mí. A mí, en mi cama.
Ya he pensado el mismo número de veces en huir, que en decirte las ganas que tengo de estar contigo y besarte despacio. Mentiría si no dijese que estoy a dos pasos de lo primero y que esto es lo que menos quiero hacer. Pero me lo debo. Porque me dejaría llevar por ti y sería un poco más "yo" y un poco menos "miedos". Pero sé que eso es tan irreal como las más de 12 horas que estuve contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario